Por lo visto, cuando hablamos de tipos de cuarzo cometemos la misma inexactitud que cuando hablamos de diferentes tipos de té. Por lo visto, así como té e infusión son sinónimos (de tal forma que pedir una infusión de té es como pedir té de té o infusión de infusión), así hablar de muchas piedras como si fuesen diferentes al cuarzo es, directamente, cargarse su formación. Según pasa el tiempo, las piedras van adquiriendo diferentes matices, creándose diferentes minerales y sustancias. Se pasa de una forma inicial por un ágata a la complejidad de los cristales de cuarzo. Todo son lo mismo, pero en diferentes momentos. Donde se ve muy bien todo ello es en las géodas: cada capa es un tipo de mineral distinto. Así, para sorpresa de muchos foráneos, la amatista es un cuarzo en la misma línea que el cuarzo cristal, el cuarzo rosa, el verde, etc…
La belleza y fuerza de estos minerales parece eterna hasta el punto de que, para los que trabajan con ellos, suelen usar géodas grandes de amatista para “limpiar” las demás piedras. Si de ranking tuviésemos que hablar y, con la similitud del color del aura, el padre de todas las piedras es el cuarzo cristal: cuanto más cristalino más poderoso, más espiritual. Le seguiría la amatista, en la gama de color de aquello que conocemos como ángeles. El cuarzo ahumado sería… y permítanme el atrevimiento… la madre. Su energía es poderosa, pero no tan espiritual como mágica. Por su parte, el cuarzo rosa es el símbolo de la amistad, del amor en familia, del hogar y, por extensión, de la armonía en casa (en las relaciones dentro de).
En su momento, ya se dedicará un artículo más
específico a cada uno, pero se creía necesario hacer esta pequeña introducción-explicación.
Ojalá no os haya resultado muy pesado.
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