La Tierra se corresponde con el Oeste geográfico. Después de tanta espiritualidad como implica este tema de lo no-consciente (o entorno al alma) que son los símbolos, parece que hablar de materia estropea un poco el ambiente creado, ¿verdad? Pero, lo físico, lo palpable y tangible forma parte de nosotros tanto como lo inmaterial. En cualquier caso, la tierra es eso y más…
La Tierra es la encarnación, la creación, la madre, la vida y la paciencia. Es la que está ahí a través de los tiempos, la que contempla imperturbable todo a su alrededor: observa, observa, observa… y tiene la paciencia suficiente para ver cómo algunos de sus hijos no dan aprendido y otros evolucionan y crecen. En realidad, nada de eso es importante… nada es importante lo suficiente como para preocuparla: los quiere a todos por igual. Es la paciencia infinita: la montaña o el acantilado que parece imperturbable a pesar de los golpes del paso del tiempo. De todas las manifestaciones extremas que existen, aunque parezca lo contrario, los movimientos sísmicos son los menos frecuentes. Ocupan el tercer lugar de los más estudiados, tras los huracanes (aire) y volcanes (fuego) y, aún así, a pesar de estar ahí más “palpables” que los otros dos, es de los menos previsibles ni siquiera usando análisis probabilística. Y eso que ahí están las fallas y los movimientos tectónicos para tener opciones de estudio, no como el viento y la lava, de difícil acceso y sumamente peligrosos.
La simbología más profunda es el de la madre (tradicionalmente, aportada a la Luna). Contrariamente a nuestro inhóspito satélite, incluso en las zonas del planeta en los que parece existir un ambiente hostil y la tierra aparenta estéril, incluso allí hay vida.
La tierra simboliza la estabilidad, es el propio cuatro de los elementos, quien abre y cierra el círculo (de la vida, podría decirse), siendo la vida en sí mismo: tenemos al agua, como fuente primordial; el aire como pensamiento y alma; el fuego como energía que todo lo mueve y, ahora, todos ellos se asientan, nacen y mueren, viven, crecen… dentro de la madre tierra.
Es asimismo la materia, nuestro cuerpo físico, el barro con el que, según la Biblia, en acertada metáfora, Dios creó al hombre. Dentro de(o junto a) ese cuerpo, se encuentran los demás: los pensamientos (aire); las emociones (agua) y la energía vital (fuego).
Es también el orgullo y la estabilidad en todas sus vertientes: emocional, material… aquello que nos dé tranquilidad en el alma se pinta del marrón de la tierra.
Simboliza nuestro pasado, nuestras raíces, vistas desde una perspectiva de futuro, es inseparable del tronco y de las ramas de la planta que nace. Nutre nuestra historia para ayudarnos a crecer. Debido a esto está en consonancia con el símbolo de la sabiduría atado al eterno hombre viejo con el que solemos asociar al tiempo. Curiosamente, en su etimología el significado primero de Gea (o Gaia) sería “abuela Tierra”.
Los signos del zodíaco que se corresponden con la tierra son: Tauro, Virgo y Capricornio. No es de extrañar que a ellos se les dé la fama de cierto gusto por la “buena vida”; gustar de estar rodeados de belleza (ya sea en forma de arte o de cualquier otra manera); darle una importancia desmesurada a la familia, donde se sienten a gusto y ser importantes hombres de negocios. En algunos casos, esta característica se ha llevado al extremo, diciendo que suelen dejar de lado las relaciones y el amor por el trabajo, pero esta característica que roza la usura habría que verla de forma individual en la carta astral de cada uno, pues de la misma forma, se tacha al buen Sagitario de ser un manipulador nato con su don de la palabra o al sociable Libra de ser un “cambia-chaquetas”. Como ya he mencionado alguna vez, no es mi intención tirar hacia un lado ni hacia otro. Los rasgos destructivos o constructivos de nuestro comportamiento dependen de muchos factores, entre otros, de nosotros mismos y nuestra capacidad de decisión. Pero, esto ya es harina de otro costal.
Curiosidades:
*Finalmente, echaré mano una vez más de los celtas (inevitable al hablar de los elementos, nadie como ellos para venerarlos). En su sencilla visión del mundo, consideraba a la tierra como Diosa, la conocían como Gaia y, debido a ello, la respetaba y veneraban cada uno de sus seres. Hay teorías que piensan que los celtas fueron de los primeros vegetarianos conocidos como tales y que los animales que poseían sólo los usaban para labrar el campo o para hacer rituales a los diferentes dioses, pero jamás se alimentaban de ello.
Probablemente debido a esto es por lo que pueblos como los romanos o los griegos consideraran a los celtas como incultos y algo “lerdos”, pues en una era en la que predominaban las batallas y la conquista del mundo, los celtas ni siquiera eran guerreros. Y en lugar de hacerse con la tierra, la veneraban.
*Dicen que aquello que se escribe sobre la tierra ni siquiera el viento puede borrarlo, pues lo grabado sobre ella es rápidamente absorbido en su memoria, aunque a simple vista no sea así.
En realidad, así funciona también nuestra memoria