jueves, 07 de enero de 2010

            La sombra se manifiesta en mucho tipo de literatura, no sólo en bibliografía psicoanalista o científica, también aparece en diversas historias, novelas, cuentos para niños… El ejemplo más claro es el Dr. Jekyll y Mr Hyde (título original de la obra “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, escrita en 1886). Conociendo la predilección de los ingleses por jugar con las palabras en su literatura, es más que probable que Hyde sea una palabra que proviene de “hide” (oculto).

 

            Si quisiéramos profundizar en el símbolo de la sombra, podríamos coger incluso algún cuento infantil como “El lobo y los tres cerditos”. Aunque las versiones son muchas, como suele pasar en la mayoría de cuentos, el original no le concede nombres a los cerditos, tan sólo son el hermano mayor, el mediano y el pequeño. Pueden reflejar el camino hacia la madurez, desde el chiquillo inocente que construye una casa de paja como refugio; el adolescente, que la hace de palos de madera porque ya no es tan inocente, pero quiere seguir jugando, y el adulto, que la hace de cemento y piedra, que ya es más responsable, que entiende, que sabe…

            Y viene el lobo, qué personaje más fascinante, simbólicamente representa muchas cosas: los problemas, la sombra, los obstáculos, aquello que nos permite luchar para crecer o, “simplemente” para avanzar. Y, por suerte, en todos los cuentos, el lobo termina huyendo o muriéndose. Eso es bueno, el niño puede saber que eso, que no le gusta, puede deshacerse de él… se puede elegir luchar contra la sombra, se puede luchar y ganar. Es un buen símbolo. Lo maravilloso de los cuentos, como éste, es que, en realidad, todos son uno: tanto los cerditos como el lobo son el mismo.

            Hay una parábola en la Biblia que habla del dueño de una finca que le deja sus pertenencias y unas monedas a tres criados: uno se gasta todo lo que le da; otro, lo entierra y no hace nada y el tercero, trabaja la tierra y dobla aquello que le ha dado… Los tres son el mismo. En este caso, no es la sombra quien viene, sino la luz.Volvemos al cuento. Si, de forma más global, cogiésemos los libros de las distintas religiones como bases de fundamentos filosóficos, encontraríamos las siguientes respuestas a la existencia de lo que consideramos el mal:

- Todo está calculado, hasta el último pelo de tu cabeza.

- Lo que está por suceder, sucederá.

- Para que florezca el almendro, debe enterrarse la semilla.

            Y tantos.. ¡tantos!

La luz y la sombra, el por qué de su existencia hablan de la dualidad, pero también de la ciclicidad del Universo y del ser humano: el día no puede existir sin la noche (ambos configuran un ciclo de veinticuatro horas, una jornada completa); la vida, sin la muerte (ambos configuran la existencia); el negro sin el blanco… y, como dijo la poetisa… “¿cómo puedes saber qué es la felicidad si no has llorado antes?”

Penetrar en los misterios de los aparentemente opuestos, en su existencia y en la NECESIDAD de ambos implica comprender términos de libertad de comportamiento y de respeto hacia cualquier ser vivo, que nos puede dejar K.O. en un primer acercamiento porque, entre otras cosas, implica que ambas cualidades nos pertenecen, que no existe una maldad ni una bondad claramente especificadas y que la mayoría, la gran mayoría de normas con las que convivimos no son más que excusas banales a una necesidad intrínseca de esclavizarnos por miedo a la libertad del Ser. Mientras la libertad es motivo de lucha nos sentimos vivos, pero en ele momento en que la conseguimos, sentimos miedo y ganas de volver atrás, no sabemos qué hacer con ella. Hay un salto al vacío, una sensación de vértigo. Sabiendo que sólo posees lo que no te pueden robar, eres libre para ser, ¿y ahora qué?

Tags: sombra, libertad, ser, simbolismo, cuentos

Publicado por OrangeNana @ 21:51
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