lunes, 04 de enero de 2010

Aunque, en principio, pueda parecer que es muy fácil diferenciar entre vida consciente y no consciente, estableciendo el mismo símil que con estar dormido o despierto, lo cierto es que no es tan sencillo, los límites entre una y otra son muy sutiles. Gran parte de nuestro comportamiento, de nuestras respuestas y de nuestro pensar están marcados por una especie de “sentir inconsciente”. Y digo in- y no sub- porque, mientras no sea consiente para quien lo manifiesta es in- y, en el momento en que la persona sea consciente de una mayor simbología en su vida (por así decirlo), entonces será sub-, ya que estará por debajo de esa consciencia ya reconocida.

                              Sé que esta diferencia no será muy bien acogida por los amantes de la palabra y los conceptos, pero es un sentir que va más allá de la lógica real y palpable del diccionario y los estudios científicos, que determinan ciertas etiquetas. No trato en ningún momento de ponerme por encima de ellos ni mucho menos, por eso, desde ya, pido disculpas por esta intrusión en un campo que no me pertenece. Al fin y al cabo, la propuesta de este blog (simbologicemos) tampoco tiene cabida en el diccionario de la real academia… de momento.

 

                                 Hecha la aclaración, invito a todos a que penséis en una persona triste y abatida y en una persona alegre y positiva. Si esto fuese el juego de las películas, donde hay que explicarlo todo con mímica y sin palabras, ¿cómo haríais para dar a entender que estáis haciendo de persona triste?

                                Quitando algunas diferencias, imagino que el punto común a todos vosotros serán unos hombros abatidos, un semblante serio, un rictus amargo en la boca…

                                Si, ahora, tuvieseis que hacer todo lo contrario, una persona alegre, ¿cómo la haríais? Os invito a que, además, toméis conciencia de cada rasgo de vuestro cuerpo: hombros erguidos, espalda derecha, mirada al frente, expresión viva…

                                 Si llevásemos esta tristeza y esta alegría al mundo que nos rodea, podríamos ver mil matices diferentes:

Una persona triste manifiesta muchos “síntomas” como el rostro pálido, ojeroso, la cabeza agachada, los hombros inclinados hacia delante… como si el peso de la tristeza cayera como una losa sobre su espalda. Y esto que suena a metáfora, viene reflejando la realidad de una simbología muy común: nuestro propio cuerpo.

                                 La espalda inclinada hacia delante, además de la tristeza, también puede referirse al exceso de responsabilidades, al estrés, el cansancio, etc…

                                 De la misma forma, una persona positiva lo manifestará en su cuerpo de una manera completamente opuesta. En fin, nunca parecerá que el mundo se le cae encima. Y es que la forma en que afrontamos las situaciones también influye: si nos centramos en el tema de la espalda y el peso de las responsabilidades, una persona con mayor capacidad para sobrellevarlas tendrá un aspecto diferente a otra a la que se le cae el mundo a la mínima de cambio. Son muchos los factores que pueden influir, eso es evidente, ¿verdad?

                                 Lo interesante de todo esto estaría en quedarnos en esa idea sobre la posición de la espalda, en el dolor de la misma y demás. Muchas enfermedades (no me atrevo a decir todas, pero sí muchas) son fiel reflejo de “dolores del alma”: dolor de espalda (espalda encorvada), lo dicho, suele ser sinónimo de pesimismo, profunda tristeza, cansancio, exceso de responsabilidades o incapacidad para saber afrontarlas; problemas de estómago vienen siendo aquellas situaciones “difíciles de digerir”, por ello el estrés suele estar en relación directa con la úlcera de estómago, ansiedad, nerviosismo… y así se podría seguir en una larga lista.

                                 Y ya que hablamos de espalda y estómago, de responsabilidades y de estrés, veamos cómo se manifiestan estas cosas en sueños: habitualmente, soñar que uno está embarazado (y así, en masculino, que a ellos también les puede pasar, por lo menos en ese espacio sub-in-consciente) es producido por un exceso de responsabilidades, es el “estar preñados” de ideas, situaciones a las que enfrentarnos, estar en un momento con una perspectiva de futuro que implica que pongamos muchas cosas por nuestra parte.

                                 En lo que al estrés se refiere, suele manifestarse en esos sueños sin principio ni fin que uno no recuerda dónde ni cómo empezaron, en un sinsentido de historias extrañas que no daban cogido forma cuando la situación volvía a cambiar a otro escenario si cabe más extraño. Lo curioso es que este batiburrillo de sueños sucede tanto en situaciones de estrés como cuando uno tiene digestiones pesadas (por haber ingerido mil alimentos diferentes de una sola vez), increíble la metáfora, ¿eh? Bien, pues la práctica en la percepción de metáforas y su explicación es una gran fuente de ayuda en este tema.

                                 Como anécdota en este tema de sueños, decir que la tristeza profunda, casi vital de algunas personas se manifiesta en que sueñan en blanco y negro.

                                 Finalmente, desde la astrología, tendríamos a Libra y Capricornio. El primero para la espalda, el segundo para el estómago. Si quieres marcarte un buen detalle con Libra, le quieres dar unos cuantos mimos o conquistarlo, regálale un masaje en la espalda, muy suavecito, casi imperceptible al tacto, a parte de ayudarle a equilibrar sus energías, le proporcionarás una muy agradable sensación de bienestar. Si tu bebé ha nacido bajo este signo, conseguirás tranquilizarlo mucho simplemente acariciándole la espalda.

                                 En cuanto a Capricornio, aunque este signo está representado por el dios Pan disfrazado de un ser mitológico mitad cabra, mitad pez, la parte de cabra es fundamental en sus rasgos. Esa cabra que puede hasta comerse una lata de conservas, eso sí a su ritmo y con paciencia, pero todo lo digiere, lo que no evita que, tras mucho tiempo, tenga digestiones pesadas. Por ello, si tienes que cuidar de un Capricornio, dale de comer bien, muy bien, sobre todo platos que le den calorcito en el estómago y, de vez en cuando, recompensa su paciencia con pequeñas alegrías y emociones positivas que le ayuden a digerir la pesadez de su propio pesimismo y tristeza…

Tags: símbolos, introducción, de qué va esto

Publicado por OrangeNana @ 8:52
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